EL SALARIO

históricos del salario en el mundo 

Introducción

 La humanidad conoce el trabajo desde su origen sobre la Tierra, pues existen vestigios de que nuestros antepasados cazaban animales y recolectaban frutos, es decir, desde los albores de la historia trabajaban para garantizar su subsistencia. Este objetivo, con muchas y diversas variaciones, se conserva hasta la actualidad. Los salarios son tan antiguos como el trabajo mismo. Aunque es evidente que en aquel entonces no se pagaba de la misma forma como en la actualidad, ya que el pago se hacía en especie. Después de la caza de animales, se procedía a la repartición de bienes como carne, pieles y huesos, que servían para alimentarse y fabricar armas y otros utensilios. Éstos son los indicios de la remota aparición en el mundo del pago a un individuo por algún trabajo desempeñado, lo cual hoy se conoce como sueldo o salario. Reproduciremos informes donde se describe cómo se pagaban los salarios en distintas épocas de la historia.

 Edad Antigua

La información más remota de la cual existe testimonio conduce a la historia de los salarios de los trabajadores agrícolas en el poblado de Eschuna, Mesopotamia, a principios del segundo milenio a.C. y que, según las narraciones, se pagaban de la siguiente manera. Se asignaba una unidad de trigo como forma de pago por jornal: era el salario que ganaba una persona por cada día de labores. La cantidad de alimentos asignada se entregaba ya fuera en forma de ración diaria o como provisión al inicio del periodo de trabajo, tiempo en el cual el trabajador debería preocuparse de conservarla. A la cantidad de alimentos mencionada se le llamaba Sila, que era equivalente a un poco menos de un litro de cebada tostada con algo de aceite y una especie de jarabe. Las mismas leyes de Eschuna fijaban lo siguiente:

 20 silas diarias eran el salario de un segador.
 1 Sila diaria era el salario de los esclavos.
 2 silas diarias era el salario de los trabajadores libres.

 Fue quizás en esa época cuando se empezó a otorgar un pago diferente a los trabajadores especializados, en comparación con los no especializados. Asimismo, se observa una diferencia de pago entre el trabajador libre y el esclavo. Se consideraba que el trabajador esclavo vivía en la casa del amo y, seguramente, comía las raciones que aquél le proporcionaba y formaban parte del ingreso. Por tal razón, el esclavo solamente recibía la mitad de la paga (OIT, 1997).

Egipto 

A continuación, se reproduce uno de los pasajes escritos en el antiguo Egipto, el cual ilustra la forma como se pagaba a los trabajadores: “Todas las gentes que han trabajado en la construcción de mi tumba lo han hecho a cambio de pan, tejidos, aceite y trigo en gran cantidad…” (texto privado del Imperio Antiguo).

 También se relata cómo Ramsés II, faraón de Egipto de aproximadamente 1301 a 1235 a.C., trataba a los trabajadores que laboraban en la elaboración de su estatua:
 He asegurado vuestra subsistencia en todos los productos, pensando en que trabajaríais para mí con un corazón agradecido; me he preocupado constantemente de vuestras necesidades, multiplicando vuestros víveres, porque sé que el género de trabajo que hacéis se hace con alegría cuando se tiene lleno el vientre. Los graneros están llenos de trigo para vosotros. Os he llenado los almacenes con toda clase de productos, tales como panes, carnes, pasteles para sustentarlos; sandalias, trajes, aceites en abundancia para untaros la cabeza cada 10 días, vestiros de nuevo cada año y proveeros de sandalias cada día; nadie de vosotros pasa la noche lamentando su pobreza.
He hecho todo eso diciéndome que encontraríais en ello un motivo para trabajar para mí con un corazón unánime.

 Grecia 

Los datos existentes sobre la retribución en Grecia se refieren a la vida de los trabajadores que abrieron las tumbas reales. Con ello, se tiene cierta idea de los salarios: un trabajador recibía mensualmente en promedio cuatro medidas, equivalentes a 380 litros de trigo y una medida y media de cebada (poco más de 140 litros). Según los periodos en los cuales se trabajaba, estas remuneraciones, convertidas al patrón cobre, correspondían a un salario que variaba entre siete y 28 debens. Sin embargo, sería vano y difícil intentar evaluar mediante esas cifras las posibilidades adquisitivas de los trabajadores a partir de las raciones de trigo y de cebada, cuya importancia era muy variable. Los trabajadores recibían de forma más variable e irregular entregas de pescado, legumbres, aceite, grasa, vestidos, agua, madera y vasijas.

 Al analizar un pasaje de los griegos escrito en la época cretomicénica, se revela la situación de los thetes1 como poco atractiva; recibían comida, vestido y calzado y, a veces, una pequeña porción de tierra que un dueño les ofrecía, pero que con frecuencia se negaba a entregar alegando falsos pretextos. Ser thete era a menudo una condición peor que la de esclavo.
 En Grecia y Roma había trabajadores esclavos y libres, pero no sería sino hasta el reinado de Cayo Aurelio Valerio Diocleciano (año 300) que se encuentra una lista de salarios. Este monarca preparó la lista a causa del encarecimiento tanto de las mercancías como del trabajo. El edicto fijó el salario de un trabajador del campo en 25 denarios,2 es decir, 27.6 artabas3 anuales.

 El salario de una tejedora a domicilio era de 12 denarios, lo que correspondía a 13.3 artabas de trigo por año. El del trabajador calificado era de 50 denarios o 55.3 artabas. En lo referente al ejército, un soldado recibía cada año 300 denarios, de los que aproximadamente la mitad se retenían para sus raciones y su uniforme, lo cual lo dejaba en promedio con un beneficio neto de 150 denarios al año.
La situación del asalariado agrícola podía ser a destajo; por ejemplo, se le pagaban ocho dracmas4 por limpiar un granero que se encontrara infestado de ratas. El salario también lo pagaban por pieza: dos dracmas por el acarreo de 1,000 artabas, que eran equivalentes a 22 toneladas de trigo (Parias, 1965).

Roma 

En el mundo romano del trabajo, el ejercicio de las actividades laborales dependía directamente del estatus personal del trabajador. Así, quienes carecían de toda libertad jurídica se veían obligados
 1 personas que no tenían otro recurso para vivir que sus brazos y alquilaban sus servicios a quien quería emplearles.

2 Moneda romana de plata equivalente a 10 ases.
3 1 artaba = 0.022 toneladas de trigo.
 4 Moneda griega que equivalía a cuatro sestercios.

A prestar sus servicios forzosamente (esclavos), mientras otros poseían una libertad restringida (libertos, ingenuos y patrocinados), en tanto que el grupo de condición jurídica libre ejercía su trabajo a voluntad.

Los esclavos se consideraban objetos; su trabajo, un fruto físico natural. Su relación con el dueño no era propiamente laboral, sino de tipo posesional, pues éste podía enajenarlos o adquirirlos, e incluso imponerles trabajos indignos, así como exigirles jornadas de trabajo exhaustivas. La actividad primordial de los esclavos eran el servicio doméstico o la agricultura, es decir, generalmente se les empleaba en trabajos rudimentarios.

Los esclavos propiedad del Estado trabajaban en servicios públicos. Distinta era la situación del segundo grupo —el de los trabajadores con libertad restringida—, quienes sí se consideraban personas. Había prohibiciones de exigir al liberto5 trabajos contrarios a su dignidad y seguridad, cumpliendo también la obligación de cubrir los requisitos derivados de la manumisión.6
 Los trabajadores libres gozaban de plena capacidad jurídica para ejercer voluntariamente su actividad laboral. Con la abundancia de manumisiones, muchos trabajadores libres se vieron obligados a prestar sus servicios a empresarios ajenos, a entrar en régimen de colonos o a enrolarse en empresas públicas. Sin embargo, lo normal era el ejercicio de una actividad laboral independiente, ya fuera como artesanos en su propio taller, comerciantes, o bien, como cultivadores de tierras de su propiedad.

 La jornada romana de trabajo era el día solar de 12 horas, con la particularidad de que no se concebía su fragmentación.

 Los esclavos solían trabajar 15 horas diarias, repartidas entre el trabajo industrial o agrícola, y el servicio doméstico. Durante el verano, la jornada se prolongaba generalmente por dos horas más. La jornada laboral de los libertos duraba ocho horas y en lo que se refiere a la de los libres, era fijada por las partes sin que pasara nunca de las ocho horas. En los servicios públicos se seguía la norma general de laborar de sol a sol.

Edad Media

 Resulta difícil determinar los salarios de los trabajadores en la Edad Media, a causa de la diversidad de instituciones y reglamentos. Además, los monarcas alteraban el valor de las monedas, lo cual modificaba los valores nominal y real del salario.

 En aquellos tiempos abundaban las ordenanzas que fijaban los salarios. Por ejemplo, la ordenanza que, a causa de la peste, expidió el rey Juan de Francia en 1351 y que fijó el salario de los trabajadores en su casa en 12 denarios al día, y en seis si se les daba alimento; las trabajadoras domésticas cobraban 30 sueldos anuales. Estos salarios representaron un aumento de un tercio con respecto a los que regían antes de la propagación de la peste bubónica.

En Inglaterra se dictaron ordenanzas en 1349 y 1350, en las cuales se amenazaba con prisión al que pidiera un salario más elevado del que recibía desde hacía 20 años.
 Para dar una idea de la evolución de los salarios en la Edad Media, a continuación, se reproducen las conclusiones a que llegaría el vizconde Georges D’Avenel (1913) en su libro Paysans et ouvriers depuis sept cents ans (Campesinos y obreros desde hace 700 años):
 De San Luis a Juan el Bueno (1226-1350), la población no cesó de progresar. La falta de brazos tuvo mucha influencia en la abolición de la servidumbre y la liberación ayudó a multiplicar los hombres. De una fecha a otra, los precios de las mercancías y el nivel de los salarios aumentaron paralelamente.

5 esclavo a quien se otorgaba la libertad en la antigua Roma.
6 acto de otorgar la libertad a un esclavo.
Esta fijeza del salario, a pesar del crecimiento del número de trabajadores, se explica fácilmente por la abundancia del terreno inculto.

 Habitantes de otras ciudades llegaron y hallaron nuevas tierras para cultivar, pero su presencia no fue una carga para la comunidad, ya que producían y consumían sus bienes en las mismas condiciones que sus vecinos; era la eclosión pacífica de un pueblo que se unía a otro.

 A partir de 1350, la población disminuyó a causa de la peste y se abandonaron los campos, además de que comenzaron el pillaje y la barbarie. La población se redujo de 15 millones a cinco millones de habitantes. En ese tiempo en que la vida humana parecía valer tan poco, los brazos del hombre valían mucho, lo cual se observa en la comparación del nivel de los salarios con el precio de las mercancías.
 Los salarios, que habían permanecido estáticos hasta 1350, aumentaron un 4% en un principio y así se mantuvieron hasta 1375; después registraron un aumento del 14% que estuvo vigente los siguientes 75 años.

 Parecería extraño que la enorme reducción de la población desde la mitad del siglo XV no hubiera tenido más que un alza del 18% en la mano de obra, pero es preciso considerar que el salario depende al mismo tiempo de factores como el consumo y la producción, y hay que considerar que si esta última se restringió fue porque había menos capacidad productiva y productores, en tanto que el primer factor disminuyó porque había menos consumidores.
Se pensaría que, dados la producción y el consumo, la mano de obra debería haber quedado al mismo precio. Así hubiera sucedido indudablemente con tan sólo dos elementos: población y trabajo. No obstante, en el precio de los brazos hay un tercer elemento a considerar: la tierra, que había perdido la mayoría de su valor.

 El envilecimiento de sus productos naturales contribuía a la baja del costo de las mercancías y, por lo tanto, al aumento del salario real.
 Fue gracias a la intervención del tercer elemento que, en los 25 años siguientes (1451-1475), se presentó una nueva alza de los salarios, que se incrementaron un 13% al mismo tiempo que aumentó la población.

Época moderna

La Revolución Industrial 

La rápida expansión del comercio en el siglo XVll planteó a los mercaderes capitalistas el problema de buscar procedimientos que permitieran aumentar tanto la cantidad de mercancías disponibles como la rapidez con que se elaboraban, reduciendo al mismo tiempo el costo para producirlas, con la finalidad de obtener una mayor ganancia.

Para incrementar la rapidez en la producción, dividieron y subdividieron el trabajo, haciendo que los obreros se especializaran cada vez más en operaciones simples y sencillas. Sin embargo, aunque muy favorable para mejorar la rapidez, la división del trabajo aumentó el número de operarios y, por consiguiente, los salarios a pagar. Fue entonces cuando surgieron las invenciones que buscaban sustituir las operaciones sencillas de los obreros especializados por ciertos mecanismos. Las máquinas aplicadas a la producción multiplicaban la rapidez y la cantidad de mercancías, reduciendo al mismo tiempo el pago de salarios. Fueron, por lo tanto, la solución ideal para el auge de la producción capitalista.

La aplicación de las máquinas a la producción industrial, que se inició a fines del siglo XVll en Inglaterra y se intensificó durante los siglos XVlll y XlX, originó una gran transformación técnica y económica, a la que se llamó Revolución Industrial.

En 1790 se dio un paso decisivo en esa dirección, pues se sustituyó la fuerza hidráulica por la de vapor en el servicio de las fábricas, iniciándose así las grandes explotaciones industriales. La producción de hilados y tejidos de algodón pronto alcanzó dimensiones espectaculares.

 La introducción de las máquinas en la producción capitalista tuvo repercusiones importantísimas en la historia de la humanidad. En primer lugar, al desplazar al hombre, la máquina creó el problema del desempleo: los salarios pagados a los obreros se depreciaron por el exceso de oferta de trabajo. Además, para pagar salarios más bajos, en vista de la sencillez en el manejo de algunas máquinas, los industriales contrataban a mujeres y a niños, con lo cual se agravó el problema que significaba mayor número de hombres desocupados.

 Aumentó la producción, pero las relaciones se deshumanizaron. El obrero se especializó, pero al mismo tiempo fue “esclavizado” por la máquina. Los obreros tenían que vivir cerca de los centros fabriles, a menudo en lugares con hacinamiento e insalubres. La producción era lo más importante, no la situación del trabajador. Entonces se expidieron leyes en beneficio de la producción, pero no en favor del obrero.

Durante la introducción de las máquinas en la industria, la primera etapa fue terrible para el obrero, pues resultó víctima de una explotación excesiva que afectó su salud y su estado de ánimo, así como la institución de la familia, ya que ésta se desintegró por la incorporación al campo laboral de mujeres y niños. Las injusticias que padecían los obreros fomentaron la aparición de las ideas socialistas que iban contra el liberalismo económico y el capitalismo, y buscaban redimir al trabajador.

 El obrero, llevado a la exasperación, veía en la máquina a su principal competidor y enemigo, por lo que desató su indignación contra ella. Las incesantes huelgas que ocurrieron a finales del siglo XVlll y comienzos del XlX iban acompañadas comúnmente del incendio de las fábricas y de la consiguiente destrucción de las máquinas. Estos movimientos se extendieron cada vez más, tanto que el propio Parlamento inglés intervino para promulgar una ley que castigaba a quienes destruyeran las máquinas, cuyas sanciones llegaban incluso a la pena de muerte. En el transcurso de esta lucha de obreros contra patrones, a partir del siglo XlX, aparecieron las primeras organizaciones sindicales propiamente dichas.

 Surgidos en tiempo de huelga, los sindicatos sufrieron serios descalabros y muchas persecuciones sin cuartel por parte del gobierno. La burguesía consiguió abolir el derecho de asociación obrera. De ese modo, el afán de los trabajadores por subsistir los llevó, de la rebelión espontánea contra las máquinas, a la idea de agremiarse en organizaciones más solidarias, con la finalidad de exigir con mayor fuerza el cumplimento de sus derechos políticos.

 En virtud de la revolución de la técnica, el industrialismo adquirió un auge sorprendente. Al mismo tiempo que se transformaron los sistemas de producción, también cambiaron las formas de organización del trabajo y las relaciones entre las distintas clases sociales, con lo cual se estableció un nuevo orden jurídico, político y filosófico en la sociedad.

 Como consecuencia del desarrollo del capitalismo, surgió, por un lado, el sistema de pensamiento económico llamado liberalismo; y por otro, en el aspecto político, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, propuesta por Lafayette, la cual contemplaba los siguientes principios, base fundamental de muchas constituciones en el mundo:

 Acceso a la justicia
Igualdad de todos ante la ley
 Soberanía del pueblo
 Igualdad de impuestos
 Igualdad en la repartición de las herencias
 Libertad de expresión
Libertad de trabajo
Libertad de cultos Derecho de resistencia ante la opresión
Soberanía nación


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TRABAJO REALIZADO POR:

Mariana Cifuentes Marin
Johan Correa Ayala

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